LA COMPAÑÍA
La Fura dels Baus es uno de los referentes indiscutidos de la escena contemporánea. En 1970 un grupo de artistas empiezan a hacer teatro de calle, generando experiencias en el espacio público y en 1979 fundan la compañía en Barcelona. Desde entonces han incursionado en expresiones artísticas diversas: espectáculos teatrales, performances, óperas, teatro digital, cine, entre otros.
Su nombre no tiene un significado en sí, es intraducible y, como cuentan sus creadores, fue elegido porque “sonaba bien”. Ese gesto podríamos relacionarlo con las vanguardias históricas, específicamente con el movimiento dadaísta que en 1916 se define a sí mismo afirmando que “Dadá no significa nada”.
La renovación escénica que generaron sus espectáculos tuvo una influencia muy fuerte en nuestro país. Grupos independientes como La Organización Negra, El TSO (Teatro Sanitario de Operaciones), o comerciales, como De la Guarda y Fuerza Bruta, tienen filiaciones directas con el teatro físico y el vínculo innovador con el espectador que proponen las obras de la compañía catalana.
Se autodefinen como un “teatro de fricción”, excéntrico, innovador, transgresor. Sus espectáculos corren el límite de lo que entendíamos por teatro tradicional y nos invitan a pensar en otras formas teatrales a partir de la redefinición de dos elementos claves del hecho teatral: el espacio y el público. Sus obras habitan espacios no convencionales a partir de creaciones colectivas y su principal característica es el vínculo con el espectador, que deja de tener un rol pasivo sentado en su butaca y la acción dramática lo incluye.
El reconocimiento internacional de la compañía catalana se produce cuando son invitados a participar de la apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. En 2024 celebraron 45 años de trayectoria como grupo. Han realizado más de 5.500 representaciones en los seis continentes y sus espectáculos han sido vistos por más de 4.5 millones de espectadores.
MANIFIESTO CANALLA
Como toda irrupción en la linealidad histórica también, al igual que las vanguardias, necesitaron un manifiesto que pueda reivindicar el “lenguaje furero”. Comparto el texto escrito por Andreu Morte en 1983 que sienta algunas bases de la sensualización del hecho escénico:
FdB (La Fura dels Baus) no es un fenómeno social, no es un grupo, no es un colectivo político, no es un círculo de amistades afines, no es una asociación pro-alguna causa.
FdB es una organización delictiva dentro del panorama actual del arte.
FdB es el resultado de una simbiosis de diez elementos bien diferenciados y peculiares que se favorecen mutuamente en su desarrollo.
FdB se aproxima más a la autodefinición de fauna que al modelo del ciudadano.
FdB es una simbiosis de conductas sin reglas y sin trayectorias preconcebidas. Funciona como un engranaje mecánico y genera actividad por pura necesidad y empatía.
FdB no pretende nada del pasado, no aprende de las fuentes tradicionales y no le gusta el folclore prefabricado y moderno.
SONS - Ser o no ser
“No podemos seguir prostituyendo la idea del teatro,
que tiene un único valor:
su relación atroz y mágica con la realidad y el peligro”
Antonin Artaud
La Fura dels Baus presentó SONS - Ser o no ser, una versión de Hamlet apocalíptica y posmoderna. No es la primera vez que toman un texto de William Shakespeare como premisa en sus obras. En 2011 estuvieron en Buenos Aires con su inolvidable espectáculo La degustación de Titus Andronicus: un banquete caníbal, padres devorando a sus hijos, abuso sexual, mutilación, cuatriciclos que perseguían a los espectadores. Quienes la vimos, sabemos que el adjetivo inolvidable no es una figura de estilo retórico.
SONS - Ser o no ser es una experiencia sensorial impactante que sucede en un espacio no convencional. Combina elementos diversos para crear un lenguaje complejo que entrecruza performers, música, texto, visuales, elementos escenográficos de materiales orgánicos, industriales y tecnológicos. Las proyecciones de 360 grados y el sonido inmersivo construyen una atmósfera envolvente en el que las/os artistas comparten el espacio junto al público.
La estructura de la obra propone un universo ambiguo desde el punto de vista del relato y eso ofrece una estimulante invitación a perderse, a naufragar entre imágenes, sonidos y cuerpos en los que se conjuga violencia y voluptuosidad. La narrativa es fragmentada y abstracta. El argumento de la obra de Shakespeare, a diferencia de su versión anterior de Tito Andrónico, está ausente en el relato, y Hamlet irrumpe en el espectáculo como un espectro, aparece y desaparece. El sentido narrativo está en fuga, se escurre, ya no hay relato posible. La caída de los grandes relatos que era una de las características de la posmodernidad, se pone de manifiesto en una obra que encarna la ausencia, la imposibilidad.
Cada vez que veo a la Fura dels Baus pienso en Antonin Artaud. El Teatro de la Crueldad proponía devolverle al teatro una concepción de la vida apasionada y convulsiva, con una extrema condensación de los elementos escénicos y con agitación violenta. Su lucha contra la tiranía del texto defendía un teatro cuyo estallido de imágenes y sonidos creaba un lenguaje físico en signos y no en palabras. En SONS - Ser o no ser, la potencia del encuentro corporal y el vértigo que genera la utilización de los recursos expresivos pulverizan la lógica racional y generan un encantamiento a partir de estímulos sensitivos que no son solo significado.
La conjugación de los elementos significantes de la obra construye climas sumamente atractivos a partir de un uso innovador de la luz, un arte destacable en los efectos visuales de las proyecciones, el sonido y la musicalización que son siempre una constante en sus producciones. Y las/os performers. El cuerpo. La Fura dels Baus es una reivindicación del cuerpo. Las interpretaciones son lo más destacable de la experiencia. El virtuosismo físico se combina con una delicadeza gestual y un interés centrado en la conexión e interacción con el espectador.
El teatro implica un desorden, una embriaguez, un éxtasis. Para los griegos éxtasis significaba “estar fuera de sí” y el teatro de la Fura dels Baus nos envuelve, nos arranca del espacio tiempo cotidiano y nos arroja a un espacio otro, regido por la lógica del sueño. Las imágenes se suceden unas tras otras y el soñante no puede dominarlas. En la obra el espectador es sumergido en una propuesta de teatro inmersivo en el que se funden lo ancestral del ritual con nuestra contemporaneidad hipertecnologizada.
La espectacularidad de la obra escapa a toda lógica racional y a cualquier intento de narración lineal. Estalla en fragmentos un Hamlet que grita desconcertado adentro de una bolsa envasado al vacío, porque también devino objeto de consumo. El “ser o no ser” ya no se cuenta en un lejano castillo de Elsinore en el que ocurre un regicidio. La pregunta por el ser se instala hoy porque, como susurran en off en la obra, “el precipicio no nos corta en dos, el precipicio nos rodea”.
El mar de calamidades del que hablaba simbólicamente Hamlet es una imagen de pateras, esas embarcaciones sobrecargadas que transportan inmigrantes que huyen de sus tierras y muchos mueren por la fragilidad de esos botes que no resisten en mar abierto. En una pantalla nos bombardean de realidad: la inmigración, el sufrimiento animal por la explotación, la obscenidad de los políticos, el pueblo manifestándose en las calles, el consumo.
El “ser o no ser” de Hamlet adquiere una actualidad inquietante y además los cuerpos de las/os intérpretes instalan una certeza de manera descarnada. El memento mori que aparece citado en la obra es una advertencia, recordar cada tanto que somos mortales y que la angustia existencial propia del ser humano ocupó su consciencia filosófica desde los orígenes del pensamiento.
El “ejercicio práctico” llega a su fin. Así llama la compañía a su creación. Suena un fragmento de La vida es sueño de Calderón de la Barca:
¿Qué es la vida?
Un frenesí.
¿Qué es la vida?
Una ilusión, una sombra, una ficción;
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Salimos de la sala, el soñador despierta. O no. La obra terminó, pero el mundo es el mismo. O no. El teatro nos permite una pequeña revolución. Ya no somos los mismos después de ver la obra y entendemos que el mundo podría ser transformado. O no. La fura del Baus, una vez más, agita, provoca, conmueve y subraya que la reflexión es acción.
Dirección: Carlus Padrissa. Intérpretes: Luciano Correa, Matias Puig, Estaban Hernan Marecos, Gustavo Vacca, Milena Cataldo, Lucia Kern, Maria Eugenia Schiling, Maria Julia Loreto, Sofía Sánchez. Vestuario y escenografía: Tamara Jokismovic. Iluminación: José Valiñaa. Música: Damià Duran. Coreografía: Mireia Romero. Stage Manager: Damián Janza. Sala: Sin Piso, Geba (Julio Argentino Noble 4100). Funciones: jueves a domingos, 21 h. Duración: 70 minutos.