La autoficción dramática constituye una de las marcas identitarias de la poética del dramaturgo franco-uruguayo. A partir del cruce entre experiencias vitales y su ficcionalización, el autor logra seducir y cautivar al público montevideano que colmó noche a noche la sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre.
En esta ocasión, Sergio enfrenta la pérdida de su madre, Liliana, profesora de literatura. Como parte de su elaboración del duelo, decide instalarse en el gimnasio del liceo donde ella trabajaba para mantener encuentros con tres exalumnos. De ese material recuperado, el dramaturgo se aboca a la escritura de un futuro espectáculo. En cierto sentido, los tres personajes que lo acompañan también atraviesan distintos procesos de duelo: es el dolor lo que los reúne.
En Tierra pueden reconocerse tres grandes núcleos temáticos que se entrelazan y complementan: la muerte, el duelo y la docencia. Estas cuestiones se condensan en la figura de Liliana, a quien nunca veremos físicamente en escena, pues será reconstruida de manera discursiva.
La muerte, evento ineludible para todo ser vivo, forma parte de la vida; sin embargo, nadie está verdaderamente preparado para afrontarla. Los que permanecen en este mundo deben asumir la difícil tarea de elaborar un duelo que, aún atravesado por el dolor, les permita continuar y situar al ser perdido en el territorio de la memoria.
También recae sobre los que quedan la labor de recomponer y reunir fragmentos de experiencias compartidas con el fallecido. En esta búsqueda se embarcan Sergio, Celia, Clara y Lucas. A través de anécdotas y recuerdos, dan vida nuevamente a Liliana, ya no de manera física, sino a través de la palabra.
La trayectoria docente de Liliana la revela como una mujer empática, atenta no solo a la enseñanza de su asignatura sino también a la dimensión humana de sus estudiantes. El reflejo que evocan sus ex alumnos la muestran como una verdadera docente por vocación: en contacto permanente con el territorio y dispuesta a acompañar situaciones que trascienden los límites del aula.
La propuesta integral alcanza niveles de excelencia al combinar una escenografía mínima con dispositivos tecnológicos de diversa índole (micrófonos, cámaras, pantallas, instrumentos musicales, etc.). Estos recursos estimulan al espectador a través de imágenes y sonidos, siempre en la justa medida. Cada elemento se integra a un conjunto coherente, donde nada queda librado al azar.
Por otra parte, esta propuesta resulta desafiante para los actores y actrices ya que, al estar en escena durante toda la pieza, deberán mantener su atención de manera constante. Esto sin embargo no resultó un obstáculo para el plantel de actores y actrices, quienes se desenvuelven con total solvencia y logran capturar la atención del espectador con facilidad. Si bien todo el elenco rinde actuaciones de excelencia, las actuaciones de Andrea Davidovics y Soledad Frugone roban el protagonismo, logrando componer personajes entrañables no solo por lo que dicen sino cómo lo dicen.
Tierra se posiciona como una de las obras maduras de Blanco, quien ya está catalogado como una de las plumas más relevantes del teatro en habla hispana. Con esta propuesta, el artista reafirma su marca autoral y nos invita a encontrar nuevas posibilidades dentro de la autoficción dramática. Al articular duelo, docencia y escena, la obra se vuelve un ejercicio colectivo de evocación, donde los fragmentos del recuerdo se transforman en materia teatral. Con un dispositivo escénico equilibrado y un elenco sólido, la propuesta alcanza a conmover sin caer en el sentimentalismo, dejando en claro que, aun en ausencia, la palabra puede restituir presencias.
Ficha técnica
Texto y Dirección: Sergio Blanco
Intérpretes: Andrea Davidovics, Sebastián Serantes, Soledad Frugone y Tomás Piñeiro.
Diseño de Visuales: Miguel Grompone
Escenografía y Luces: Laura Leifert y Sebastian Marrero
Vestuario: Laura Leifert
Diseño de Sonido: Fernando Castro
Asistente: Carolina Simoni
Producción: Matilde López
Fotografía: Nairí Aharonián