La obra se inscribe dentro de los clásicos del teatro mundial y explora temas como la decadencia, la juventud perdida y la búsqueda desesperada de la redención. Un primer acercamiento al texto, nos deja un sabor a los viejos tópicos literarios como, por ejemplo, el tiempo. Sin embargo, en sus capas más profundas, podemos encontrarnos con cuestiones complejas que impactan en nuestra realidad, como la corrupción que hoy resuena con fuerza si tenemos en cuenta el contexto actual, marcado por la incertidumbre y la polarización que viene atravesando el país del director invitado, y que, es una señal de emergencia para toda América.
Desde un punto de vista político, la elección de la pieza no es casual. Williams ha sido un maestro en desnudar las miserias humanas y eso se actualiza cuando nos confronta con personajes que se ven atrapados en la ambición y el deseo.
En el caso de esta puesta, La Comedia Nacional tiene como invitado al director argentino Alejandro Tantanian, lo que nos adelanta una experiencia audaz y provocadora, ya que es reconocido por su estilo innovador.
Sobre esto y más conversamos con Tantanian. La primera propuesta que le hago tiene que ver con la distancia temporal que nos presenta el texto, estrenado por primera vez en 1959. Sin duda la visión del teatro con la que comulgo, al menos en estos últimos años, está vinculada con lo que una obra nos aporta en estos tiempos, cargados de convulsiones y peligros. En ese marco instalo la pregunta inicial que Alejandro me responde tajante, sin insinuaciones, es bastante claro al dejar entrever, en sus palabras, cierta sospecha sobre mi “incapacidad” de ingresar al sub texto de la obra. Me gusta esa primera tensión en una entrevista. Anuncia algo interesante.
“Williams es definitivamente un clásico del siglo XX. En ese sentido, también pensar una parte del repertorio de La Comedia Nacional, es importante. En término de contemporaneidad, por el mismo motivo, por esta misma cuestión de que son clásicos, nos permiten hacer el puente con el presente. Al leerlos, podemos reconocer cosas que están sucediendo aquí y ahora. La pieza presenta una historia de amor, de redención y caída, con ciertos visos trágicos, con un espíritu bastante trascendentalista. Sin embargo, también hay una zona que tiene que ver con ciertos regímenes totalitarios. En la ciudad donde sucede la obra, el sur de Estados Unidos, en St Cloud, gobierna despóticamente la familia Heavenly que tiene el poder desde hace años. Esas fuerzas que hoy se pueden homologar con las nuevas derechas, por los discursos, del tipo mesiánico que apela a la religión para decir algunas cosas, intentando borrar la figura del inmigrante y habla de la pureza de la sangre. Esos discursos los encontramos hoy en las nuevas derechas globales. En Argentina esto está explotando, más fuerte que nunca. Casi no se vive en una democracia después de lo que vivimos el último miércoles pasado en Buenos Aires. El estado de derechos ya no garantiza la seguridad de nadie. Ese foco está presente en la obra y los chivos expiatorios, las víctimas de estos regímenes totalitarios, son los cuerpos deseantes, los cuerpos apasionados, que quieren cambiar. Es el caso de la dama joven y el caso de Chance Wayne, el protagonista. Por eso creemos, aunque no haya una bajada de línea, el foco temático está puesto en eso. Se trata de una decisión de lectura de la pieza. Nada de lo que estamos diciendo está por fuera de la obra, pero tomamos la decisión qué cosas iluminar, desde dónde contar el cuento.
Desde una perspectiva textual, sin haber visto la puesta, parece que esas ideas quedan algo borroneadas en torno a la decadencia y la fragilidad de dos personajes que parecen vivir en el pasado. Cómo logramos que esa visión política se sobre ponga en un texto que marca la desesperación del deseo centrado en lo que cada personaje necesita para sí.
Entiendo tu planteo, pero el motor por el cual Chance Wayne está imposibilitado de volver está indisolublemente ligado a esa presencia de la familia opresiva. Nosotros no hicimos ninguna operación de sentido, aunque claramente no pusimos el eje en lo que aparece más claramente en la obra que es una crítica al sistema del star system hollywoodense.
La conversación se amplifica con la intervención de la escenógrafa y vestuarista Oria Puppo, subraya la idea, como para sacarme de mi obsesiva redundancia sobre el texto y el tiempo – aunque sea un elemento que está en la obra desde el título-
Nosotros propusimos el foco en lo que hoy puede resonar, pero está en la obra. De todo lo que cuenta un texto, la puesta hace un hincapié en algunos puntos. En este caso lo ponemos en algunos temas que ya está en la obra, sin grandes modificaciones. Tal vez cambiamos algunas fichas de lugar y pulimos todo lo que tiene que ver con el anclaje de la época, que también se traslada a lo visual. La obra se inscribe más en un hoy contemporáneo, pero sosteniendo el código clásico.
Alejandro retoma la explicación.
Los retoques del texto, fueron algunos, como cambiar ciertos rasgos de época. No estamos haciéndolo tal cual lo escribió Williams, pero todo lo que se narra, fue escrito por él, no hay nuevos eventos. Lo que hicimos fue una operación de lectura con decisiones más sutiles pero la obra tiene también un plano más metafísico que se conjuga con esa idea de “la ausencia de dios” que es una parte provocadora del texto y la idea de una desesperación de esos cuerpos de poder atrapar el tiempo que es anatema final de la obra y se vuelve explícito cuando dicen “el tiempo es nuestro enemigo” y esto lo dicen mirando al espectador, rompiendo la cuarta pared. Hay una intención de unir la consciencia de lo finito del tiempo con los otros.
Después de 65 años, el tiempo sigue siendo un factor de interés humano, pero me pregunto si la idea de verlo como un enemigo, en un mundo en el que el tiempo se disuelve día a día, en función de la sobrevivencia, porque la amenaza del sistema no siempre nos da espacio para romantizar la cuestión de lo temporal, si es que de eso se trata.
Creo que sí, que tenemos una carrera contra el tiempo. Podemos pensar en estas cosas cuando las vivencias se acalman, es claro.
El diálogo en el café del bar, con sus ruidos, su cotidianeidad, aporta algo de esto, vuelve más fluido el encuentro. Hablar del tiempo siempre desacomoda un poco.
Si, la disolución del tiempo vinculado al movimiento social es parte. Lo más fuerte que pasó en estos días, con respecto a esto, por ejemplo, es la no fijación de los hechos. No hay consciencia de que eso está pasando. Todo el tiempo estamos operando sobre lo temporal. Volviendo a la ceremonia teatral, a mí me parece también que el teatro necesita de la comunidad. La gente viene acá a entregarte su tiempo. Hay una idea hermosa sobre eso a la que Williams apunta. Era un autor muy consciente de la ceremonia. Todo eso está. La parte melodramática de la obra, en el personaje de la actriz retirada queda más en el imaginario de todos nosotros.
Si de focos temáticos hablamos, para no centrarnos en el tiempo, le propongo hablar de lo que mueve a Chance. Esa necesidad de regresar por un amor de juventud. Me pregunto si no es más una fijación obsesiva con lo pasado, que además se aúna a la visión de su propio cuerpo joven y bello.
Creemos que sí, que es amor que compite fuertemente con la aniquilación que genera Heavenly sobre eso. En Chance hay una voluntad amorosa que lo atraviesa. Él lo dice, “cada vez que estaba a punto de triunfar tenía que volver a esta ciudad a rescatarla”. Podemos llamarlo de la forma que quieras: amor, obsesión, fijación. Los términos psicológicos no importan. Algo de esa idea de que el amor puede construir realidades y generar cambios está en la obra y en ese personaje que cree hasta el final, sin medir las consecuencias. Él tiene un atributo que es la belleza del cuerpo, que pone a disposición para conseguir lo que quiere. No hay condena en eso, en Williams, y menos en nosotros.
Le pregunto si están trabajando la línea psicológica en estos personajes.
Todo personaje puede ser psicologizable. Me refiero más a problematizar esa idea de que Williams formaba parte del realismo. Yo creo que no, Él fue un gran autor, una gran marica, alguien que estaba fuera del sistema, pero decidió transformarse en algo para poder ser parte. Eso lo convirtió en realista. Hizo ese gran caballo de Troya al regalarle al realismo sus obras, pero después, abría las compuertas del caballo para que salieran todas esas maricas como, por ejemplo, Blanche DuBois. Esos personajes que son deseantes, llenas de ilusión. Blanche lo dice: “yo no quiero realismo, quiero magia”. Creo que lo más extraordinario que hizo Williams fue hacer lo que hicimos todos los maricas, disfrazarnos de lo que era necesario para poder seguir siendo. Esa operación que es de difícil comprensión para quien no es gay porque no se experiencia, aparece en la pieza y en el montaje, proyectando esa voluntad de corrimiento, de intentar ser otra cosa. Vamos a ver si se percibe, pero está más que nada en la estética y en la actuación. La estética realista está, claro, pero con claras fugas, como romper la cuarta pared, entrar en trances poéticos que en la puesta lo llevamos algo paroxísticamente. Tal vez más hacia el expresionismo.
Oria subraya la idea
Esas estéticas intervienen para puntualizar y ayudar esas fugas y esos corrimientos que la obra en sí tiene y no son de lectura lineal.
Alejandro interviene en eso de cómo se lee a Tennesse, de hecho, dice que se lo debe leer televisivamente.
Parte del proceso de una obra, si ésta viene del universo de los clásicos o preexiste, es justamente la lectura previa. Me resulta particular la visión o la teoría de cómo debe ser leída. Es cierto que estos textos se inscriben en un paradigma, con rasgos estéticos que lo atraviesan, y que determinan en gran medida sus singularidades y, aun así, me pregunto si definir una forma de lectura no es anclar la visión de la pieza. Claro que se trata de la perspectiva de un director que conoce profundamente la obra de Williams, eso le da autoridad en la materia, sin duda, por eso quiero entender a qué se refiere con esta observación de cómo deberíamos leer a Tennesse Williams.
Hablamos mucho con el elenco de esto. Sobre las situaciones. Si están jugadas desde el nivel obvio de la actuación la obra puede ser una idiotez. En cambio, si entendemos esa otra parte que intenta salir desde dentro del texto, atravesar lo superficial para que no sea un melodrama.
Un aporte de Oria en este punto
También tiene la línea de lectura del melodrama, porque es lo que sucede en la obra. Aunque si la lees con los ojos un poco más abiertos ves esas otras cosas que, aunque sea de manera no consciente, contribuyen a la lectura. Aun si lees la obra como un culebrón, lo otro interviene y juega su papel aun cuando no esté visible.
Le pregunto sobre el diseño de la escenografía y el vestuario.
La pensé desde una visión clásica, por la actualización. Creemos que no hay ruido visual en esa actualización hacia el hoy contemporáneo con una cierta estética clásica. La obra sucede en distintos espacios y la propuesta es que se desarrolle en el mismo, con algunas pequeñas transformaciones que marcarán la diferencia. Definimos el espacio con una impronta de un estampado importante. Como si todo ese lugar fuera el mismo universo del que no se puede escapar.
Ya hacia el final del encuentro les pregunto lo que representó para ellos el trabajo con el elenco de La Comedia.
Muy bien el trabajo con los actores. Fue de mucha ayuda el proceso previo realizado tanto con Gabriel Calderón como con José Miguel para elegir el elenco. Seleccionamos once actores de La Comedia y más tarde se sumó como actor invitado Enzo Vogrincic que representa el personaje de Chance. Estoy muy contento con el proyecto. Fue un proceso súper tranquilo, con mucho compromiso, con ganas y disponibilidad emocional y física. Sabemos que trabajar con elencos estables puede ser complicado, sobre todo cuando uno llega de fuera, pero lo cierto es que aquí trabajamos muy bien.
Les pregunto por qué aparece Enzo como invitado especial para esta obra, más allá de lo importante que puede ser su figura a nivel internacional.
La decisión fue consensuada. Creo que le viene muy bien al proyecto porque las obras de Williams parecen pedir la presencia de una estrella. Te doy un ejemplo, en Londres se reestrenó Un tranvía llamado deseo con Paul Mescal. Parece que por cómo funcionan las obras de Williams, está bien que haya una estrella. Funciona así. Tal vez tiene que ver con cómo estrena sus piezas él. Sus obras se iluminan de una manera distinta así. Creo que funciona en un buen sentido. Por otro lado, Enzo, que está muy comprometido con el proyecto, es muy buen actor y tiene mucha consciencia de su rol, con una visibilidad distinta. Esto aporta otro elemento. La expectativa es alta por la presencia de Enzo.
Cerramos la entrevista con la invitación para ver esta propuesta de un Dulce pájaro de juventud que espera atrapar en su vuelo, el interés del público. Un fuerte elenco vital y consciente de la escena, como siempre es el de La Comedia, levanta la puesta de Tantanian. Va a sorprender sin duda.
Estrena el jueves 27 de marzo en el Teatro Solís de Montevideo.