En esta entrevista, Zappacosta comparte detalles sobre su camino en la dramaturgia, las influencias que han marcado su estilo y el proceso de creación de Ahoradespués. Además, reflexiona sobre el impacto emocional que genera la obra en los espectadores y sobre el vínculo entre lo personal y lo universal en el teatro. La llegada de esta obra al circuito montevideano es el resultado de la gran repercusión que tuvo su estreno en Buenos Aires, donde despertó el interés de productores teatrales de diversos países. Conversamos con su autor para conocer más sobre esta historia, su proceso creativo y las expectativas ante la puesta en escena en Uruguay.
¿Cómo comenzó tu camino en la dramaturgia?
Mi primer contacto fue con la escritura poética y la prosa. A los 23 años, empecé a producir con mayor profundidad. Cuando empezó la enfermedad de mi viejo, empecé a escribir sobre mis sentimientos y las emociones que me estaban pasando en ese contexto vinculado a lo que estaba viviendo.
En esos intentos de escritura, tomé unos talleres literarios. Quién dictaba el taller literario era muy amigo de un agente de un teatro de Martínez, que es el barrio donde vivo yo. A través de ese contacto, empecé a acercarme a ese teatro primero como espectador y después participando del grupo de trabajo con la voluntad de sumar. En los teatros independientes vas un día, te pones a cebar mate y después estás haciendo las luces. Un día, el director de ese teatro me convocó a escribir una muestra que después se convirtió en obra.
Esa fue mi primera obra, muy de caradura. A partir de ahí no paré de tomar talleres, además me formé en la diplomatura de dramaturgia de la UBA.
¿Cuáles son tus referentes y tus influencias?
Para mí fue muy importante el taller de monólogos de Fabián Díaz. Él es un dramaturgo argentino que admiro mucho, me gusta su estilo. Tiene una impronta muy poética y es de la escuela de la no acotación.
En ese taller, Fabián nos dio a leer algunas obras: Potrillo Ben de Santiago Nader, B de Giuliana Kiersz y Si no me come la noche de Gustavo Kreiman.
Estas tres obras fueron una influencia muy grande en cuanto al estilo, son tres obras muy buenas y puedo decir que les robé un poquito tanto a ellos como a Fabián en su propuesta.
¿Cuál es la génesis de Ahoradespués?
Todo comienza con la muerte de mi viejo y su amigo.
Mi viejo estuvo internado, su amigo muere repentinamente y mi viejo poco después también se muere. Ninguno de los dos se enteró de la muerte del otro. Esa situación siempre me quedó dando vueltas. Con la pandemia tuve tiempo para escribir. El contexto del confinamiento para mí fue muy importante: entre las noticias de enfermedad y muerte, la angustia nos rodeaba.
Todo esto operó en mí para gestar esta obra.
En esta pieza aparecen algunos toques similares a la estética del realismo mágico ¿qué sentís que le aportan esas imágenes a la globalidad de la pieza?
Dos cosas: primero me permite alejarme de la realidad. A su vez, le otorga ciertos descansos a lo puramente dramático. Estos espacios le dan un aire poético a la pieza. Por otra parte, la impronta onírica, ya que aparece una combinación de cosas reales y otras no reales.
El humor y estos toques de realismo mágico dan un respiro a la densidad que presenta la temática.
Aunque tu obra surge de una microhistoria, es decir, de una experiencia personal, logra transmitir una fuerte identidad argentina. ¿Cómo construís ese vínculo entre lo íntimo y lo colectivo?
Yo soy hincha de Boca. La situación en la que mi viejo iba conmigo al estadio a ver al cuadro sucedió realmente. Boca es cultura popular pero también ocurre con otros cuadros nacionales.
Creo que el personaje se expresa de una manera muy anclada en el territorio, que es justamente la zona norte, el río de la Plata. El personaje, si bien es de clase media, se nutre mucho del paisaje que habito: los traslados en tren, los vendedores, cierta forma de hablar en la calle.
Tuve la suerte de ver la obra y vi a varios espectadores con lágrimas en los ojos ¿Por qué crees que cala tan hondo esa experiencia personal que está siendo representada? ¿Sentís que hay algo más que trasciende de tu historia a la de los demás?
Para empezar, todos somos hijos. Obviamente que no todos tenemos un vínculo amoroso o cercano a nuestros padres. Pero creo que eso es algo que en cierta medida compartimos todos.
La otra cosa es que todos vamos a vivir la muerte de un padre o madre, eso también nos iguala.
Todos fuimos a un hospital, todos fuimos a una sala de espera con mayor o menor intensidad, sabemos lo que pasa en esos espacios.
Lo positivo es que esta obra no aborda la temática acudiendo al golpe bajo, se puede ver un cierto modo optimista.
Yo estuve en Cromañón, siento que todo lo que rodea a mi escritura es el valor de la vida. En mis obras intento transmitir que la vida está buena, o sea, es re jodida, re dolorosa, pero vale la pena vivirla.
Frente a lo triste que es atravesar una pérdida, hay que valorar la vida, los vínculos y los momentos.
Ahoradespués ha recibido múltiples premios
Sí. Fue seleccionada en el CONTAR que es un concurso que organiza AADET, que es la cámara de empresarios teatrales de Argentina. Ganar ese concurso me permitió participar de una feria para productores donde se hacía un semi montado de la obra. La idea es, junto con otras tres obras, mostrar a productores para que ellos escojan cuál quieren producir.
Por otra parte, recibí un premio en España y otro en Nueva York. Estos dos galardones me permitieron darle mayor recorrido a la obra.
¿Cómo es que surge la posibilidad de entrar en contacto para poder hacer una versión de esta obra en Montevideo?
La obra se estrenó en Buenos Aires en el Teatro Picadero. Para esta ocasión hubo cuatro productoras asociadas que hicieron un gran dispositivo de prensa. Eso le dio mucha repercusión. Una vez, fue Diego Sorondo, un productor uruguayo. Me escribió por Instagram y me pidió para leer el texto. A la semana siguiente ya comenzamos a hablar para concretar el proyecto de hacer la obra en Uruguay.
Además de hacerse allí, se va a hacer en México, en España, en Perú y en Colombia. Ya se hizo en Estados Unidos previamente. Todo esto es producto de la repercusión que tuvo acá en Argentina.
Fotografía: Nacho Lunadei