1. Las temporadas teatrales suelen finalizar y las obras se transforman en el recuerdo de quienes estuvimos ahí. Dudo que existan muchas actrices que puedan trabajar tanto un mismo personaje ¿Qué pensás acerca de tu interpretación de Antígona a lo largo de este tiempo? ¿Cómo es trabajar durante veinte años el mismo personaje?
Siento a Antígona como una hermana, una amiga, un personaje que me acompañó, me dio coraje para mis luchas, las personales y las colectivas. Antígona es una fuerza, la del amor. Estos años fueron una meditación teatral, un rito acerca de esa potencia vital, deseante y amorosa. La obra es un océano en el que se puede navegar eternamente y seguir descubriendo palabras, invocaciones, imágenes.Hay una tarea de mucho cuidado en todos los aspectos del espectáculo por parte del equipo que dirige Ianni: actuación, sonido, luces. En éstos 20 años seguimos descubriendo capas y sentidos con el público, que dentro de esta versión es un personaje más.
2. Tuviste la posibilidad de ser otras Antígonas. En la versión de Leopoldo Marechal, en la versión de Jean Anouilh ¿Cómo fueron esas experiencias de poder transitar diversas escrituras de un mismo personaje?
En cada espectáculo tuve diferentes desafíos y muy distintas experiencias. Siendo el mismo personaje, los distintos autores la piensan en contextos diferentes y las miradas de cada dirección convocan a experiencias estéticas muy distintas. Dora Milea, Ianni y Pompeyo, los grupos que cada unx convocaron, los distintos teatros (La Carbonera, Celcit y el Cervantes) y sus formas de producción, me invitaron a vivir por primera vez cada versión de Antígona, renovando en cada puesta lo que despliega el mismo personaje.
3. La obra dirigida por Carlos Ianni tuvo un recorrido inmenso en la escena nacional e internacional ¿Qué sensaciones, emociones o momentos podrías destacar como hitos de esta historia que se escribe hasta el presente?
La misma emoción siempre antes de todas las funciones: “¿Podré?” Es tan inmensa la obra que la sensación es la de escalar una montaña altísima, sinuosa. Siempre me acompaña un abismo “¿Podré?” Esa zozobra vuelve a cada función especial. Pero hay momentos que son extra especiales: como cuando fui con vos a la tierra de nuestras abuelas, Galicia, y todo lo que sucedió gracias a tu gestión. Me cuesta expresarlo con palabras, fue como si algo, alguien, un misterio nos hubiera organizado esa posibilidad y nos dejamos conducir. Hacer Antígona en O Vello Cárcere, una cárcel del franquismo, y dejar sus ecos en esas paredes del horror, recuperado como espacio de memoria, acentuó la consciencia de lo sagrado que hay en el teatro. Otro momento inolvidable, veinte años atrás, el estreno en Mérida, México, en un teatro muy hermoso y el abrazo de Ianni super feliz de haber concretado su sueño.
4. Alguna vez mencionaste que, si bien la obra es un unipersonal, no estás sola en escena, “bailas con fantasmas”. Me gustaría que nos regales una breve reflexión en torno a esta idea.
Me gusta pensar el teatro como una acción mediúmnica. El cuerpo en el escenario se presta a ser habitado, a ser danzado por energías, la de los personajes. Cuando, por ejemplo, Antígona le habla a Creonte, lo veo, es una entidad, es mi compañero invisible ¿Es imaginación? Probablemente, pero dentro del juego teatral, esa entidad está presente, es una realidad. Yo bailo con fantasmas en el escenario, los veo, me habitan y los habito. No estoy sola.
5. Como actriz, tu trabajo es absolutamente deslumbrante en esta obra porque interpretas a muchos personajes de la tragedia y podemos advertir corporalidades diversas, voces y emociones propias de cada uno en tu cuerpo. Cuando la leíste por primera vez ¿No te dio un poco de miedo el desafío? ¿Qué podés contarnos del proceso de creación de esa multiplicidad de seres ficcionales que vemos en escena?
La obra me conmovió tanto, que el miedo que pude sentir quedó atrás. De a ratitos, podía volver, pero sabía que estaba en buenas manos con la dirección de Ianni. Carlos transmite mucha confianza, sabiduría y paz en el trabajo. Nos propusimos diferenciar a los distintos personajes por sus energías. Antígona, la tierra; la Narradora, el aire; Creón, el fuego; y con Tiresias andábamos bastante perdidos, no queríamos hacer un viejo ciego, pero no aparecía y un día se le apareció a Carlos en un sueño: un sapo dado vuelta, había que esperarlo.
6. Antígona es una mujer que enfrenta al poder de un hombre ¿Cómo ves ese símbolo hoy?
Ese símbolo lo veo cada vez que las mujeres luchamos por el derecho a elegir sobre nuestros cuerpos, en una sociedad patriarcal, machista
Cada vez que salimos a la calle para defender los bosques, el agua, los glaciares y nos enfrentamos a un gobierno que quiere vender nuestra tierra, instalando el miedo.
7. ¿Por qué crees que Antígona tiene tanta vigencia y tantas reescrituras en el mundo?
No sé el por qué ¿Será que en todas partes y en todos los tiempos necesitamos ritualizar la muerte de los seres queridos y avasallar ese derecho es un crimen? ¿Será que nos interroga acerca de lo sagrado? ¿Será que hay leyes injustas que benefician solo a los poderosos? ¿Será que hay leyes más grandes que las que dictan los hombres? No sé, pueden ser algunas de las razones de la vigencia de Antígona y su misterio.
8. ¿Cuál sentís que es el diferencial de la Antígona de José Watanabe respecto a otras versiones existentes?
Watanabe revela hacia el final quién es la Narradora de la historia. Es un impacto fuerte que resignifica a ese personaje, lo acerca a los espectadores. Otra de las diferencias de esta versión es que está escrita para una sola actriz y creo que es todo un signo. Quizás tenemos todos los arquetipos conviviendo en nuestro ser, podemos identificarnos tanto con Antígona, quien a pesar de su miedo desobedece una ley injusta; o con Ismena, a quien el ceño del poder la acobarda “como un pequeño animal encogido”.
9. ¿Por qué hacer Antígona hoy?
Porque habla de lo que puede un cuerpo por amor. Vencer al odio y al miedo y realizar una acción sagrada. “Yo he nacido para amar, no para compartir odios”.
Inusual nota al pie de la entrevistadora
Es la primera vez que, como entrevistadora, me tomo el atrevimiento de amontonar unas líneas al final de la página y de innovar en el formato de lo que se considera habitualmente una entrevista. Pero lo voy a hacer, porque quiero dedicar unas breves palabras a narrar en primera persona algunas emociones.
Yo vi Antígona de Carlos Ianni cuando tenía veinte años, en el año de su estreno. Hoy, a mis cuarenta años, confieso haber visto la obra más de diez veces. Y tengo la certeza de que seguiré viéndola varias más. Este espectáculo fue el culpable de muchas circunstancias de mi vida: estudié griego clásico, me apasioné con la mitología griega y hoy me autopercibo mitóloga en mis ratos libres. Dediqué mi tesis de maestría y mi tesis doctoral a investigar acerca de las muchas versiones de Antígona que existen en el mundo. Pero todo esto, fue porque vi Antígona de Watanabe dirigida por Carlos Ianni. Porque vi a Ana Yovino ser médium y ser habitada por esos fantasmas. Porque la vi una y otra vez y cada vez, fue absolutamente única, mágica, y yo me emocionaba como si no la hubiera visto nunca, como si no supiera quién era Antígona. Ana es una chamana de la escena argentina y yo la admiro profundamente hace veinte años.
El amor por Antígona nos unió y nos llevó a coincidir en España hace un tiempo atrás. Me animé a invitarla a hacer una función en Galicia, en O Vello Cárcere, un espacio de memoria y cultura que anteriormente fue uno de los principales centros de represión franquista. En la década de 1940, la prisión llegó a saturarse con más de 1.200 prisioneros políticos, cuando el diseño original no admitía más de 140 personas. Por sus pasillos pasaron alcaldes, concejales, profesorxs, sindicalistas e intelectuales republicanos y, principalmente, mujeres perseguidas por sus ideas políticas. Allí hicimos una función, a sala llena, con un público aplaudiendo de pie, que sintió seguramente algo similar a lo que yo sentí la primera vez (y cada vez) que la vi. La obra tiene una emocionalidad que no se puede esquivar. Nos encontramos con Ana en la tierra de nuestras abuelas para compartir teatro y esa fue una de las aventuras teatrales más emblemáticas que viví, sin duda. En ese lugar, Antígona tenía muchas cosas para decirnos: memoria, amor y lucha.
Entrevistar a Ana veinte años después de esa primera vez en que ella era Antígona y yo una joven con ganas de ser atravesada por una obra, es un regalo, pero también es un homenaje a Ana Yovino, porque es una de las culpables, junto a Carlos Ianni, de mi amor por Antígona.
Si no la vieron, estén atentxs a la cartelera teatral de Buenos Aires, porque Antígona aparece cada año y es necesario estar ahí para ver un acontecimiento teatral sin precedentes. Comparto mis argumentos para clarificar por qué tamaña afirmación. Es una versión teatral que tiene el diferencial de ser escrita por uno de los poetas más importantes de Perú, José Watanabe, a pedido de uno de los grupos teatrales independientes más relevantes de la escena peruana: Yuyachkani. Es interpretada por una actriz que trabaja todos los personajes de la tragedia de manera exquisita. La dirección de Carlos Ianni es magistral y construye un universo poderoso que trasciende el tiempo porque tiene la capacidad de eternizar la fugacidad, lo efímero del teatro se vuelve duradero. Esa trasmutación, ese juego temporal es posible porque cuando la obra termina se queda en el cuerpo del espectador. A mí, veinte años después, todavía no me suelta. Vayan a verla porque Antígona es una obra necesaria y porque mientras el mundo siga siendo cruelmente oprimido por tiranos, Antígona será la voz de los oprimidos y de los que defendemos que la revolución está del lado del amor y la justicia.











