Alejandra (una perforación a cielo abierto) de Martín Rechimuzzi

La locura, la risa y la visión artística como zonas de lo indecible, que sin embargo, de modo superlativo Martín Rechimuzzi logra decir.
Por: Claudio Ferrari | Creado el 28/03/2026 | 451

El espectáculo comienza con Martin Rechimuzzi sobriamente vestido, sentado en una silla frente a un escritorio y leyendo al público de manera suave, directa, un bellísimo texto sobre la locura de una tía suya llamada Alejandra. Nunca sabremos si esa historia es real o no: se hace inverificable dado el dominio absoluto del oficio que tiene este artista, y en definitiva no importa: lo cierto es que le creemos y que por momentos la emoción que lo atraviesa -y nos atraviesa- se expone como un ruego, un rezo ofrecido hacia la platea para que la locura no se adueñe de él, para que quede libre de la locura -él y nosotros-, de ese flagelo terrible, de su sombra siempre acechante que bien puede ya habernos hecho su presa: todos podemos estar locos, y esto nos dice Rechimuzzi no es una metáfora; basta con mirar al mundo y hacia ciertos  incombustibles comportamientos sociales para dudar severamente de nuestra cordura. Es inevitable no pensar en Alejandra Pizarnik. La poeta escribió alguna vez en "Extracción de la piedra de locura": <<Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra, a ella, tu solo privilegio>>. Este fragmento, como tantos de Pizarnik, resuena como un eco dentro del universo de la obra. No se exhibe como una cita ornamental, sino como una clave de lectura. La obra dialoga con ese sentimiento de extranjería radical que atraviesa buena parte de la poesía de Pizarnik: la sensación de habitar un borde entre la realidad compartida y un territorio interior que no siempre encuentra palabras.

Luego de este pasaje, en el que ya no importa si la confesión ha sido real o no, Rechimuzzi cambia por completo el registro de su actuación, para que, mediante un histrionismo que no pretende disimulos, las carcajadas suenen desde los espectadores como un rito abierto y constante, haciendo de ese sonido gutural la Epifanía que aún hoy sigue siendo y que al decir de Walt Whitman es un milagro suficiente como para convencer a seis trillones de incrédulos. 

Hay espectáculos que cuentan una historia. Otros intentan ahondar, investigar en una experiencia. Alejandra, una perforación a cielo abierto, el primer unipersonal de Martín Rechimuzzi, pertenece con claridad a esta segunda categoría. Conocido por su magnético talento performático y por un humor que suele desplazarse entre la sátira política, la observación social y la parodia cultural, Rechimuzzi asume aquí un desafío distinto: internarse en un territorio donde la risa convive con el desgarro y donde el teatro se convierte en un espacio para pensar, con sensibilidad y riesgo, la experiencia de la salud mental.

El espectáculo se despliega como un recorrido escénico que oscila entre la risa y la inquietud personal y social de nuestra realidad, entre el grotesco y el credo, entre el artificio teatral y una sensación de verdad que atraviesa todo el dispositivo. Así, desde el inicio queda claro que el actor no se propone simplemente interpretar personajes: lo que aparece en escena es una exploración performática donde el cuerpo, la modulación, las caracterizaciones y el humor funcionan como instrumentos para atravesar una experiencia humana compleja.

Rechimuzzi es un intérprete formado en la lógica de la performance contemporánea y uno de los más atractivos, dueño de una creatividad avasallante. Su trabajo suele apoyarse en la transformación constante, en el pasaje veloz entre distintos registros y en una capacidad notable para construir personajes con pocos elementos. En Alejandra esa habilidad adquiere una dimensión particular porque el espectáculo está sostenido casi enteramente por su presencia escénica en permanente cotejo con y hacia el público; sin invadirlo, Rechimuzzi logra intervenir junto a los espectadores, que celebran ese encuentro.

La obra atraviesa constantemente la sátira y la ironía, y esta definición funciona más bien como un juego siempre arriesgado, porque juego sin riesgo no vale, parece decirnos Rechimuzzi sin formulaciones altisonantes. Lo que sucede en escena desborda rápidamente la forma clásica de la comedia. La risa que no deja de estallar contiene en cada momento un resquicio por donde se filtra algo más inquietante. El universo dramático -siempre humorístico-, gira alrededor de la figura central de Alejandra, trasladada la acción a un espacio reconocible y profundamente argentino: un cumpleaños de quince en un salón del conurbano bonaerense. Ese ritual social, cargado de expectativas familiares y de códigos culturales, funciona como una unidad escénica particularmente eficaz. Sin embargo, poco a poco, ese espacio comienza a deformarse. Lo que parecía una celebración se vuelve un territorio mental. El cumpleaños deja de ser un simple evento social para transformarse en una alegoría escénica donde se condensan distintas experiencias del delirio, del desborde emocional y de la fragilidad psíquica. En ese tránsito se manifiesta uno de los tantos procedimientos brillantes del espectáculo: la multiplicidad de personajes. Rechimuzzi se desplaza entre distintas identidades con rapidez y precisión, construyendo una galería de retratos que parecen surgir de distintos rincones de una misma mente. Animadores de fiestas, amistades familiares, presencias fantasmales y voces interiores emergen y se disipan, configurando una especie de carnaval psíquico. Es conmovedor observar al actor cuando en el fondo de la escena, apenas iluminado, cambia su vestuario y gesticula y suponemos que habla con quienes no sabemos, en una demostración de que la locura se mete donde se le antoje, aún en los instantes más íntimos. Vemos asimismo que no deja Rechimuzzi ni en un solo momento de estar en estado de actuación.

Todo el procedimiento remite a una tradición muy reconocible del teatro argentino: la mezcla entre grotesco, transformismo y humor popular. La exageración corporal y la deformación caricaturesca permiten abordar temas que difícilmente se vean en un espectáculo humorístico sin caer en un tono solemne. La risa funciona como puerta de entrada, pero inmediatamente después asoma cierta incomodidad, que de no emerger convertiría a la obra en un mero pasatiempo; es para agradecer y valorar que se trate de todo lo contrario.

La puesta sugiere constantemente que la locura no puede representarse de manera directa y que no existe una esencia de la locura que el teatro pueda mostrar con simplona naturalidad ni transparencia. Lo que aflora en escena son fragmentos, imágenes, relatos parciales. El espectáculo asume esa imposibilidad y trabaja precisamente a partir de ella. Por eso el mecanismo teatral adopta una forma fragmentaria. El relato avanza a través de escenas breves, cambios de vestuario realizados a la vista del público y desplazamientos entre distintos registros interpretativos. La escenografía es mínima pero cargada de signos: una pantalla que en el monologo inicial altera y descompone los tiempos de una mente logrando una manera de hacer visible la locura junto a objetos simbólicos y elementos que permiten sugerir la coexistencia de múltiples identidades.

Entre esos momentos gratifican las intervenciones musicales del Dúo Acuarela. Su presencia, que atraviesa toda la propuesta, introduce una respiración dentro del espectáculo y refuerza ese clima ambiguo entre fiesta y melancolía, a partir de un comportamiento tan reconocible como pasado de moda con coreografía y canciones que fueron éxitos y que, nuevamente, el público festeja siendo participe, convirtiendo esa relación en un aspecto relevante. 

El espectáculo no se limita a presentar una historia cerrada. Más bien propone una experiencia compartida donde la escena funciona como punto de partida para pensar colectivamente la cuestión de la salud mental, ampliando la dimensión comunitaria del proyecto. Se muestra, a partir de la exploración de territorios entre teatro, performance y humor, una diversidad de posibilidades entre las que se destacan la intensidad emocional del trabajo y la potencia interpretativa de Rechimuzzi. Esta tensión forma parte de la propia ambición artística, lograda, del espectáculo.

En el centro de todo esa máquina estética está, luce, inevitablemente, el actor. Un unipersonal implica siempre un desafío particular: sostener la atención del público durante toda la función sin más recurso que el que deviene de él mismo. Rechimuzzi asume ese riesgo con una presencia escénica que combina energía, vulnerabilidad y precisión técnica. Tal vez por eso el título resulta tan sugerente. Una perforación a cielo abierto no es una excavación discreta ni un gesto superficial; es una intervención profunda sobre el terreno habitado y que abre una herida en la superficie para explorar lo que hay debajo. Alejandra funciona exactamente de esa manera: como una excavación escénica que intenta atravesar capas de silencio, prejuicio y miedo alrededor de la experiencia de la locura. Y allí aparece, finalmente, una intuición profundamente teatral. El escenario puede convertirse en un lugar donde aquello que suele permanecer oculto -la fragilidad, el desborde, la angustia- encuentre una forma de ser dicho. Cuando las luces se apagan y el espectáculo termina queda flotando en el aire una sensación difícil de nombrar. No es exactamente tristeza ni tampoco consuelo, tampoco una pretensiosa moraleja. Es, más bien, la percepción de que el teatro, cuando se atreve a mirar hacia los bordes y el abismo de la experiencia humana, puede abrir un espacio donde lo aparentemente incomunicable empieza a encontrar una voz y su forma esencial de decirse a sí misma.

Ficha técnico artística

Actúan: Martín RechimuzziMúsicos: Duo AcuarellaVestuario: La Polilla

Multimedia: Lolo ArmendárizStage Manager: Santiago PaneDiseño De Video: Lolo ArmendárizFotografía: Marcelo SettonProducción ejecutiva: Nicolás Ventura- Producción general: Bautista LaviaguerreJoaquín Laviaguerre- Grafica: Mauro Fitz

Coreografía: Melisa Zulberti.

 

TEATRO EL NACIONAL

Av. Corrientes 960 - Capital Federal - Buenos Aires - Argentina

Crítica de espectáculos

9 min.
* Las notas publicadas expresan exclusivamente la opinión de los autores, pudiendo el CELCIT estar o no de acuerdo con ellas.
¡No te pierdas lo que se viene!
Suscribite a nuestro mailing y seguinos por redes, ¡es gratis!

¿Conocías estos cursos que tenemos para vos?

⦿ últimos días

Comedia paso a paso

con Teresita Galimany (Argentina)
9 de abril al 30 de julio
Miércoles de 19 a 21

⦿ inscribiendo

Comicidad en escena

con Hernán Gené (España)
Empezá hoy
60 minutos de video tutorías

⦿ inscribiendo

Estética de la liberación

con Lola Proaño (Argentina)
3 de julio al 21 de agosto
Jueves de 11 a 13

⦿ inscribiendo

Nuevas formas en artes escénicas. Performance, tecnología y territorio

con Ariel Davila (Argentina)
23 de octubre al 27 de noviembre
Jueves de 19 a 21

⦿ inscribiendo

El arte del gag

con Hernán Gené (España)
Empezá hoy
60 minutos de video tutorías

⦿ últimas vacantes

Dirección teatral

con Carlos Ianni (Argentina)
9 de abril al 26 de noviembre
Miércoles de 10 a 13

⦿ últimos días

Iniciación a la actuación

con Maria Svartzman (Argentina)
7 de abril al 24 de noviembre
Lunes de 18:30 a 21

Para seguir leyendo:

Crítica de espectáculos

Alejandra (una perforación a cielo abierto) de Martín Rechimuzzi

La locura, la risa y la visión artística como zonas de lo indecible, que sin embargo, de modo superlativo Martín Rechimuzzi logra decir.

Por Claudio Ferrari
Creado el 28/03/2026 451

Artículos

Una flor para la Tana de Fabiana Charlo

Proceso de investigación: entre la escritura y la puesta en escena.

Por Roxana Rugnitz Garabedian
Creado el 23/03/2026 267 1

Crítica de espectáculos

Decir a tiempo lo que se siente

Reestrena Ahoradespués de Guido Zappacosta en el Teatro Alianza de Montevideo.

Por Martin Cedres Silva
Creado el 16/03/2026 414

Crítica de espectáculos

TESTEЯ tu sonido no es una canción

Un espectáculo magistral, de impresionante agudeza, que se arraiga en el alma de cada espectador.

Por Claudio Ferrari
Creado el 10/03/2026 1.139

Artículos

El simbolismo en la obra de Maurice Maeterlinck

A partir de algunos ejes de la poética simbolista trazamos un recorrido a través de dos obras de Maurice Maeterlinck: El pájaro azul (1908) y Los ciegos (1890). Una reflexión acerca del misterio, la alteridad, la percepción y la infancia.

Por Antonella Sturla
Creado el 11/02/2026 709

Crítica de espectáculos

Antígona de José Watanabe

Diferenciándose de la ya clásica y célebre puesta de Carlos Ianni, la versión de Lito Melfi, adquiere voz y carnadura propias en la interpretación de Marcela Melfi.

Por Claudio Ferrari
Creado el 08/01/2026 1.729 1

Entrevistas

Una hija que respira en la niebla

Conversamos con Ximena Echevarria, actriz, docente y directora de Implosivo Artes Escénicas, quien profundiza en esta entrevista sobre Casi materia, una creación que explora los cruces entre cuerpo, materialidad e inteligencia artificial.

Por Martin Cedres Silva
Creado el 03/12/2025 920 1

Entrevista en Madrid a Chiara Mezza, Santiago Linari y Sebastián Romero, creadores del grupo “Fui salvaje”

Tres jóvenes argentinos, con una calidad infrecuente y una propuesta integral, se destacan en la escena teatral independiente madrileña, evidenciando la importancia de la migración cultural.

Por Claudio Ferrari
Creado el 11/11/2025 1.829

Entrevistas

Entrevista a Cecilia Geijo

“No sé si soy muy original, pero sí constante en la obsesión de buscar un teatro que me pellizque o zarandee”

Por Carlos Rojas
Creado el 10/11/2025 1.810

Entrevistas

Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío: 17 años, un libro y más de 150 artistas

Patricio Abadi se ha consolidado como una de las voces más prolíficas y singulares de la escena teatral porteña. El viernes reestrena “Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío”, una obra que ya es un referente ineludible del teatro independiente.

Por Flora Ferrari
Creado el 04/11/2025 1.770

Crítica de espectáculos

Ecos de una profecía

El regreso de Kassandra, de Sergio Blanco, dirigida por Roxana Blanco y protagonizada por Soledad Frugone.

Por Roxana Rugnitz Garabedian
Creado el 03/11/2025 1.922 1

Crítica de espectáculos

Sobre la fragilidad

Una versión libre de “La gaviota” de Antón Chéjov que pone sobre la mesa la vulnerabilidad y las contradicciones. Una propuesta inmersiva despojada de tecnología y cercana a nuestra humanidad, esa experiencia en la que seguimos indagando su sentido.

Por Lucila Dufau
Creado el 27/10/2025 990