Espectáculos > Memorias de un juglar (2017)

Notas y críticas

Con su historia a cuestas

Redacción Rosario | Juan Pablo de la Vega | 03/07/2016

Después de haber presentado su versión de El Viejo y el Mar, Pluto, e Ixquic, entre otros trabajos teatrales, Rubén Pagura instalado en Rosario tras casi medio siglo de ausencia realiza un intenso recorrido a puro realismo y magia, a partir del instante preciso que se enfrenta con el público. Un relato actoral que surge en la ciudad, que cobijó a su familia allá por la década del 60, y que representa los agitados días y sus noches de la dictadura de Onganía, en los que ser adolescente (y músico) era sinónimo de subversión. Pagura recorre parte de su vida. Como la encendida vivencia de los comienzos del rock en castellano, a través del pulso de Los Gatos y Moris, a la cabeza. La relación con su madre, y su padre, el obispo ecuménico Federico Pagura, que fuera un emblema en la defensa de los derechos humanos.

El amor prohibido de Rosy, la hija de un capitán del ejército; y las experiencias que le tocó vivir a pulso de los procesos de liberación que se llevaron a cabo en las décadas del 60 y 70 en Sudamérica, y Centroamérica, donde el autor recaló por más de cuatro décadas (más precisamente en Costa Rica), son algunos de las pasajes que Pagura transita en el escenario con su guitarra y su valija, vestido con ropa clara y alpargatas.

El artista despliega una gama de máscaras orgánicas y recursos actorales capaces de contar una historia de forma cronológica logrando precisos saltos, vuelos y giros inesperados, que regresarán a instantes únicos como los que compartió con un grupo de actores exiliados en Costa Rica, y su presentación en los escenarios nicaragüenses, en los albores de la revolución sandinista. O las canciones que interpreta entre tablas recordando su relación con cantautores como Víctor Jara y Violeta Parra, y composiciones propias surgidas de su experiencia como parte del movimiento de la nueva canción costarricense en 1974, narrando procesos históricos de su “Patria Grande”. Y el encuentro recurrente con una monja tercermundista, cristiana y revolucionaria que le repite a cada paso: “Hay tanto por hacer”.

Una historia de sueños y luchas que permite pensar la vida y la muerte en Latinoamérica, la política y el amor. Las dictaduras, el neoliberalismo, su experiencia en Costa Rica –el país que lo sedujo por no contar con fuerzas armadas, y resguardar la integridad de los perseguidos por cuestiones políticas–. Y su vuelta a Rosario y a sus más tiernos recuerdos, conforman el devenir de esta obra. Pagura relata, canta sus verdades; y representa alternando en primera persona a los otros y así mismo, con un realismo conmovedor y fantástico, transmitiendo sensaciones y emociones de ayer y de hoy.

 

Largo viaje por latinoamérica convulsa

Página 12 - Rosario | Julio Cejas | 19/06/2016

La obra cuenta la historia de un joven juglar argentino que debe huir del país al ser descubierto en amoríos con Rosy, hija del Capitán Barbaglia, en tiempos de dictadura. Sobrevive durante 50 años en una Latinoamérica convulsa y sueña con volver.
¿Cuántos recuerdos puede atesorar en su memoria, un juglar?, alguien que recorre el mundo escuchando y contando la historia de los que no tienen historia. ¿Cuántas vivencias pueden acumulase en las alforjas de estos seres que desempolvan aquellas leyendas que sólo los antiguos pueden evocar? Muchas de estas preguntas podría responderlas este inquieto trovador, este juglar de la vida que es el actor, cantautor, director y docente teatral, Rubén Pagura, rosarino y costarricense por adopción, que hace algunos años decidió instalarse en su patria de origen nuevamente. Quizás algunas de las respuestas a estos interrogantes y la reformulación de otros nuevos se puedan dilucidar todos los domingos de junio y julio a las 19, cuando suba a escena del Teatro La Nave (San Lorenzo 1383) el propio Rubén Pagura para contarnos sus "Memorias de un juglar".

Una trama épica de amor y aventuras en la que aparecen vivencias y personajes reales como Víctor Jara, Atahualpa del Cioppo, Luis Enrique y Carlos Mejía Godoy, Alejandro Sieveking, Bélgica Castro, Julio Lacarra y el Quinteto Tiempo entre otros, según describe el parte de prensa de este nuevo espectáculo que tiene el sello de un experimentado creador.

"Me fui en los '70, durante la dictadura de Onganía. Hice mi vida de joven y adulto y mi desarrollo profesional, en el exterior, mayormente en Costa Rica. En el 2013 retorné por cuestiones familiares y me atrajo el ambiente refrescante que percibí aquí, el florecimiento de gobiernos y procesos populares que han dado un gran aliento a esta América Latina que lucha por su segunda (y ojalá definitiva) independencia", explicó Pagura a Rosario/12, ligando siempre su actividad artística a un compromiso ideológico con las cuestiones sociales.

A su retorno al país el actor se encontró con algunas personalidades teatrales que influyeron en su formación y en la reinserción en el medio, como el porteño Carlos Ianni (CELCIT) y Walter Operto de La Nave.

"Desde 2014 vengo haciendo temporadas en el Teatro del Rayo, presenté otras de mis creaciones en salas como Lavardén, La Manzana, Empleados de Comercio, con la fortuna en el 2013 de participar del 8º Circuito Nacional de Teatro, con el que fui de Norte a Sur con 'Romeo y Julieta'", dice el juglar rosarino.

-¿Cuáles serían las diferencias con tu forma de trabajar en Costa Rica?

-En Costa Rica me conocen, por lo que es más fácil difundir mi trabajo; aquí el acceso a los medios, es más limitado, no sólo porque no me conocen, sino porque hay una superabundancia de producción cultural y eso no es bueno para mí pero sí para el público. En Costa Rica lo normal es que un espectáculo haga una temporada de un mes como mínimo, con funciones de jueves a domingo. En Buenos Aires como en Rosario, la modalidad de varios espectáculos en una misma sala los fines de semana, no es buena ni para los actores ni para el espectáculo en su totalidad- dijo Pagura.

Con respecto a "Memorias de un juglar", piensa en la migración como un tema para desarrollar en la escena, esto lo relaciona con su retorno al país y el fin de un ciclo en su vida.

"En los 90 conocí la versión unipersonal de Peer Gynt, interpretada por Franklin Caicedo, mientras estábamos girando juntos por España. De allí tomé el realismo mágico que condimenta mi historia, que de alguna manera es una historia de aventuras, como la obra de Ibsen", explicó el actor.

Otro de los estímulos que completan este espectáculo es el deseo de volver a cantar en el escenario, que completan la figura del Juglar, haciendo un parangón con el emigrante con el cual se identifica desde hace mucho tiempo.

"Memorias de un Juglar", cuenta la historia de Juan, un joven juglar argentino que debe huir del país al ser descubierto en amoríos con Rosy, hija del Capitán Barbaglia, en tiempos de la dictadura de Onganía. Sobrevive durante 50 años en una Latinoamérica convulsa, soñando siempre con cambiar el mundo y volver a su tierra y su viejo amor.

 

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