Autor, director, pedagogo y teórico teatral, ha reivindicado siempre, como ejes de su trabajo y como fundamentos esenciales del arte dramático, la partitura dramatúrgica y la creatividad del actor. Revisar permanentemente la textualidad y la actoralidad -sin menoscabo, naturalmente, de los demás códigos de la escena- constituyen para él la única posibilidad de adaptar el hecho teatral a las siempre mudables exigencias de la comunidad. La exploración de las fronteras entre narratividad y dramaticidad, así como la incursión en otros campos del conocimiento (tanto de las ciencias humanas como de las ciencias físicas y naturales), le han conducido a sistematizar los parámetros de la dramaturgia y de la actuación, en un intento de articular el carácter intuitivo y alógico de la creación con su indispensable componente reflexivo y racional. Más de cincuenta obras teatrales -entre originales y dramatizaciones de textos narrativos-, así como numerosas puestas en escena, jalonan una larga trayectoria de permanente interrogación. Algunas de sus obras: “Ñaque o de piojos y actores”, “El Retablo de Eldorado”, “¡Ay, Carmela”, “Valeria y los pájaros”, “El cerco de Leningrado”, “El lector por horas”, “Sangre lunar”, “Terror y miseria en el primer franquismo”, “La máquina de abrazar”, “Deja el amor de lado”.